La seguridad, sin rodeos

Quién puede entrar en tus ordenadores, qué puede ver y qué no podemos ver nosotros.

Cifrado de extremo a extremo y directo siempre que se puede

Tus dispositivos se conectan directamente entre sí siempre que la red lo permite, así que no hay ningún servidor en medio de tu sesión. Todas las conexiones van cifradas de extremo a extremo, de un dispositivo al otro.

Para quien quiera el detalle técnico: cada dispositivo genera su propio par de claves (Ed25519) la primera vez que se ejecuta, y la clave privada no sale de él. Los dispositivos se comunican por QUIC con TLS 1.3 y cada uno comprueba la clave del otro antes de nada. Después, la transmisión de la pantalla establece sus propias claves (X25519) para esa sesión, así que cada sesión, y cada reconexión, empieza con claves nuevas.

Los relés transmiten lo que no pueden leer

Algunas redes, como muchas de oficina y de móvil, no dejan que dos dispositivos se conecten directamente. En ese caso la conexión pasa por un relé. El relé reenvía un tráfico que ya va cifrado entre tus dos dispositivos. Nunca tiene las claves, así que no puede ver tu pantalla ni lo que escribes.

La aplicación siempre muestra por qué camino vas: Directa o Relé.

La confianza se da en el propio ordenador

Un ordenador solo deja entrar sin supervisión a un dispositivo después de que alguien, delante de ese ordenador, haya confiado en él y lo haya confirmado con Touch ID, Windows Hello o la contraseña del sistema. Nadie puede hacerlo desde otro sitio.

Además, el acceso desatendido es un ajuste de cada ordenador. Con Preguntar siempre, alguien allí aprueba cada sesión, sea o no de un dispositivo de confianza.

Tu móvil se desbloquea antes de abrir nada

Antes de abrir una sesión desatendida, tu móvil te pide la huella o el PIN. Un móvil perdido o prestado no puede abrir tus ordenadores por sí solo.

Un aviso en cada sesión

Mientras haya alguien conectado, el ordenador muestra quién es, cuánto tiempo lleva y un botón para detener la sesión. También aparece en las sesiones desatendidas, así que cualquiera que esté delante puede ver lo que pasa y cortarlo.

El ordenador lleva un registro

Cada ordenador anota todas las sesiones que recibe: qué dispositivo, cuándo, cuánto duró, si fue para ver o para controlar y si había alguien delante. Las pulsaciones se cuentan, nunca se graban. El registro es un archivo en ese ordenador.

Una sesión, tal como la anotó el ordenador
{
  "event": "session_end",
  "peer_name": "Tu móvil",
  "mode": "control",
  "attended": false,
  "started": 1791312086,
  "secs": 754,
  "counts": {
    "clicks": 37,
    "keys": 212,
    "text_chars": 148
  }
}
  1. No había nadie delante: una sesión desatendida.
  2. Cuántos caracteres se escribieron. Nunca cuáles.

Revocas un dispositivo y se queda fuera

Quita un dispositivo de la lista de confianza de un ordenador y pierde el acceso al instante. Si está conectado en ese momento, la sesión se corta.

Ayudar a alguien: decide la otra persona, siempre

Las sesiones de ayuda empiezan con un código que te pasa la otra persona. No empieza nada hasta que lo permite, elige si puedes solo ver o controlar, y una solicitud sin respuesta caduca a los 30 segundos. Ve el aviso todo el tiempo y puede detener la sesión cuando quiera. Una sesión de ayuda no se añade a tus dispositivos.

Sin IA, y poco que saber de ti

Veolan no tiene funciones de IA. Tu pantalla no se analiza, no se resume y no se usa para entrenar nada.

Tu cuenta de Veolan sabe cómo inicias sesión y qué dispositivos has vinculado. No recibe tus pantallas, lo que escribes ni tus registros de sesión.

Tus ordenadores, siempre tuyos.

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